Reconocimiento a lo humano en despliegue de pluralidades

Memorias de las ponencias 2009

Septiembre 09 y 10 Firmat, Rosario, Argentina Tema: Multiculturalismo, diversidad y colonialidad Educación y políticas de la subjetividad. El sueño multicultural de la escuela culturales y poscolonialeseducación y política


Programación
Viernes 9 de septiembre del 2011
15:00 Acreditación

15:30 Presentación
16:00 Conferencia de apertura. “Resistir en la esperanza” Miguel Alberto González González. Colombiano. 17:00Conferencia: “Pedagogía, literatura y multiculturalidad” Orfa Kelita Vanegas. Colombiana.
18:00 Café 18:30 Panel: “Etnicidad, género e identidad”. Claudia Gotta y Sandra Borakievich. Argentina.
19:30 Receso

Sábado 10 de septiembre del 2011


08:30 Presentación de Trabajos libres?

10:00 Café
10:30 Conferencia: “Diversidad, diferencia y discapacidad” Emilio Manosalva Mena. Chileno.

11:30 Conferencia: “Un psicoanalista en la villa. Política y colonialidad”?Eduardo de la Vega. Artentino.
12:30 Almuerzo
14:30 Panel 3: “Educación para la diversidad”?Ana Gloria Ríos. Colombiana y Robert Villamizar Serrano. Colombiano.
15:30 Conferencia de cierre: “Multiculturalismo y diversidad. Qué pensar, qué hacer…” Ezequiel Ander Egg. Argentino.


17:00 Entrega de certificados


Justificación.

Desde sus orígenes, la escuela pública estuvo impregnada por el mito de los dones, como también por la obsesiva pretensión de identificar y clasificar a los buenos y malos alumnos. En los fundamentos de dichas clasificaciones hallamos una gramática social que, tras el barniz pedagógico y psicológico de los juicios escolares, promueve y reproduce las diferencias de origen de los niños. Parece necesario, no obstante, complementar dicho análisis con una mirada que invierte su recorrido para explorar, tanto en la genealogía como en el presente, aquellos acontecimientos que escapan al control; es decir, que resisten, reformulan los caminos y los efectos de la reproducción. Esta nueva mirada permite reconocer, más allá de sus mecanismos selectivos y homogeneizadores, cómo la escuela pública desplegó una voluntad integradora que supo instalar con éxito otro tipo de ficciones. En el escenario moderno, la escuela diseñó un espacio amplio y convocante desde donde pudo promover y difundir en forma masiva la enseñanza de la lectura y la escritura. Los ideales de igualdad, identidad y progreso programaron la trayectoria de amplias franjas de la población —hasta entonces analfabetas— y su acceso al universo textual No es posible ver en la escuela sólo un instrumento de dominación y control. Si es cierto que los hijos de inmigrantes perdieron en ella su lengua y su cultura, es cierto también que la imposición de la nueva lengua los convertía en ciudadanos del nuevo país. Esas son las coordenadas históricas de la escuela: entre el rechazo del otro o su advenimiento es posible ubicar algunas de las claves fundamentales de su legado. Dos voluntades antagónicas trazan en ellas los destinos del niño: la primera, encuentra sus condiciones en las segmentaciones, el estigma, la homogeneización; la segunda, en cambio, se vincula con la promesa, el reconocimiento de la alteridad, el futuro posible y la construcción de la identidad. Las ficciones de la escuela se elaboran en el terreno balizado por esa ambigüedad constitutiva y es allí donde debemos ubicar sus coordenadas actuales. En ellas, la necesidad de controlar, ordenar y vigilar a la infancia marginal que se acrecienta luego del deterioro social se cruza con una voluntad de reformular o cambiar las condiciones —al menos las que están a su alcance— de aquella generalizada y feroz alienación. Allí es donde debemos revisar las actuales propuestas de las escuelas (éticas, políticas, pedagógicas), sus promesas ampliamente promovidas (de enseñar, de incluir, de justicia) y sus utopías.


Fundamentación del evento en Firmat. Desde hace algún tiempo una promisoria ilusión interpela y seduce a la vida educativa, social y política. La utopía libertaria y multicultural brilla sobre las ruinas del viejo Estado benefactor, y relega a las sombras al devaluado espíritu de la modernidad. El sueño igualitario deviene en un escenario complejo y problemático, cuya urgencia representa un requerimiento de la democracia actual. Dicha demanda parece corresponder a las exigencias de los tiempos que corren, donde un mundo exílico, migrante y globalizado contrasta con las anteriores pretensiones de identidades totalizantes, clasificaciones cerradas y geografías ajustadas a la nacionalidad. Las nuevas exigencias imponen el reconocimiento de las identidades postcoloniales (negro, indígena, mujer, homosexual, discapacitado, etcétera), que surgieron de las luchas comunitarias y reivindicaron la utopía multicultural. Dichos condicionamientos incomodan a las instituciones modernas (políticas, educativas, asistenciales) y complejizan su paisaje habitual. Preocupadas por la norma más que por sus variaciones infinitas, por los requerimientos disciplinarios antes que por las necesidades y los deseos, por las multitudes homogéneas que descreen de lo extraño o diferente, las viejas instituciones disciplinarias no deja de aferrarse a sus convicciones e invocan el tradicional mandato normalizador. No obstante, el paisaje resulta mucho más complejo y extraño cuando entra en escena, más allá de los anhelos de las comunidades subalternas, la lógica excéntrica y errática de la economía global. La nueva lógica económica descree del disciplinamiento del deseo, de los flujos estáticos y de los mercados homogéneos. Se olvida de la norma y promueve lo diverso, rechaza las inmovilizaciones espaciales mientras estimula el nomadismo y la dispersión. Su implacable estrategia transforma cualquier producción cultural (arte, deporte, literatura) en mercancía, incluso aquellas que surgen de las experiencias comunitarias o subalternas, como la novela antillana, la poesía afroamericana, el rap gangsta o el básquetbol de la NBA. El relato multicultural —es necesario advertirlo— surgió y progresó en Latinoamérica de la mano de la globalización neoliberal que transformó a la región en el paradigma de la injusticia social. Los programas y políticas latinoamericanas entonaron desde entonces la oda multicultural mientras la pobreza extrema y la marginalidad programaron el gran escándalo de la exclusión.

No se trata, no obstante, de condenar a los nuevos discursos por su captura en una lógica obscura que seduce, confunde, reacomoda su estrategia radical. Parece más útil afinar al extremo los conceptos, las categorías y demás herramientas de análisis para describir, interpretar, orientarnos, finalmente, en una realidad compleja y problemática, e imaginar nuevos horizontes, nuevas realidades, inventar nuestras propias palabras, leer a nuestros autores, junto a renovados sueños de humanidad.




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